La perspectiva del anarquismo de las relaciones sexuales
Las relaciones humanas, más específicamente, las relaciones amorosas, han estado tradicionalmente fuera de los discursos políticos. Ahora bien, las relaciones humanas, las relaciones entendidas como maritales, dentro del concepto tradicional de la unión de un hombre y una mujer (las relaciones homosexuales no estarán contemplados en este espacio), desempeñan un papel esencial en la conformación de un orden social. De acuerdo a cómo esté conformada las relaciones en la sociedad, de ese modo estarán determinadas las relaciones interpersonales. Como construcción sociocultural e histórica, las relaciones amorosas no están aisladas del ámbito político. De ahí que es interesante el discurso político del anarquismo con respecto a su perspectiva del ámbito sexual y las propuestas alternativas al modo de relaciones, tomando en cuenta que el actual sistema social (capitalismo, patriarcalismo) incita a la violencia de género, y precisamente el anarquismo critica este modo de relaciones y propone alternativas para buscar mayor equidad y reducir o si es posible reducir la violencia, tanto a nivel íntimo (hombre – mujer), como a nivel social.
Entendiendo el anarquismo como una corriente de pensamiento que promueve la anarquía o acracia, es decir, la autonomía de cada individuo. Promueve el autogobierno de personas y asociaciones y es totalmente contrario al gobierno o autoridad obligatoria, como el Estado o la Iglesia. En este caso, el anarquismo, en el caso de las relaciones amorosas, introduce el concepto de antipatriarcalismo, una construcción de relaciones de género igualitarias y antiautoritarias, excluyendo la coacción y la propuesta de una nueva moral sexual que suplante a la vieja moral burguesa, estrechamente vinculada a los valores de la sociedad capitalista. Frente al marxismo, que se centraba principalmente a las relaciones de producción, reduciendo la problemática al ámbito económico, el anarquismo propugna porque los cambios en la sociedad deben darse en forma paralela a nivel personal y a nivel político.
Dentro de las grandes críticas del anarquismo con respecto a las relaciones sexuales es contra la represión aplicada por la moral burguesa, absurda e hipócrita, que parte de la concepción cristiana de la negación del placer y la misoginia, asociando la sexualidad al pecado y a la perversión, y esta moral configura determinadas pautas de comportamiento sexual, que no son naturales, sino construidas socialmente. Esta crítica también se dirige al concepto burgués de familia, un “Estado en pequeño”. La familia debe fundamentarse en el amor, no en el interés, y este amor en libertad, como sentimiento natural, estará ajeno a toda reglamentación o mandato social. El matrimonio, regulación política de las pasiones, y la familia, son instituciones fuertemente patriarcales. La unión monógama y la familia indestructible son la base y sostén de la religión, del Estado y la propiedad privada. A su vez, esta moral del matrimonio impuesta por la Iglesia y sostenida por el Estado es causa determinante de la prostitución.
De ahí se deriva que se debe buscar formas alternativas de relacionarse, aboliendo tajantemente el matrimonio oficial, la leyes que lo regulan y de la esclavitud económica que lo impone, que vayan dirigidas hacia una sexualidad expresada libremente de acuerdo a la propia naturaleza humana, apuntando a una valoración positiva de lo natural y rechazando lo artificial y convencional. Todas las anomalías, injusticias y opresiones, radican en haberse alterado las leyes naturales, en perjuicio de muchos para beneficio de pocos. La ley humana, la propiedad y la autoridad crean un medio social artificial e inarmónico, corrompiendo al ser humano desnaturalizando su conducta. La moral burguesa, a través del matrimonio, se enfrenta contra los instintos naturales, legislando, codificando y organizando el amor.
La “nueva moral” es una moral de la naturaleza, acorde a la naturaleza humana esencial. Dentro de estas nuevas formas de relacionarse, que más bien lejos de ser nuevas se estén rescatando formas atávicas de relación, se plantean otros modos de convivencia, poniendo como ejemplo a los animales, que luego que sacian el amor, se separan luego, siguiendo sus vidas individuales, sin que ninguna moral, religión o ley los regule. Cualquier norma reguladora del amor y basada en la convivencia es perjudicial. La solución estaría en el individualizamiento, en el amor sin convivencia y la desaparición del hogar. Ese “amor libre” estaría en contra tanto de la estricta monogamia como del “comunismo sexual”. En todo caso las maneras de relacionarse sentimentalmente deben establecerse a “posteriori” y no a “priori”, estando abiertos a la comparación, la experimentación y el ensayo. Dogmatizar el cómo deben ser las relaciones es también antiindividualista, por lo que imponer una fórmula del amor es también un error, lo natural es que cada quien tome la manera de relacionarse como mejor le parezca.
Dentro de toda esta variedad de posibilidades lo que está claro y coinciden todas las propuestas anarquistas es la abolición de toda manifestación de poder, de autoritarismo, de patriarcalismo y de coacción, el cómo se hace depende de cada individuo y de cada sociedad.
original de revelado y rebelado

Este texto e imagen están bajo una licencia de Creative Commons.





